El propio Presidente Petro -entre claros de luna y trasnochados tuits- ojeroso, alucinado y a los tumbos, en menos de 12 meses, encendió desde Palacio con su grandilocuente y solitaria impericia, la temida mecha de alarma y cuenta regresiva. Lo suyo no tiene reversa, no la tiene. El fuego 'amigo' devora fatalmente lo que de amistad no tiene nada. Si, además, hubo pactos con el demonio, no será el demonio quien los cumpla; lo de Satán es diabólico, su 'entrampamiento' sí que es real y tangible, divide que te divide para reinar, hasta que consigue el desvarío del alma ya cautiva, nada más le importa, a nadie rinde cuentas, jamás. Su victoria es la derrota de quien pacta con él espacios de poder. Lo excitan en especial y hasta el éxtasis los políticos, los mesiánicos ni se diga. O que lo digan si no, los Hitler, Mussolini, Castro, Perón, Chávez, que en esta vida han sido poseídos y desechados, seducidos y envilecidos por el poder del ángel caído. Con sus apetitos insaciab...